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Conferencias de la Asociación Cultural Vínculo

La Globalización ¿Remedio o Enfermedad?


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La Globalización es un término moderno que proviene de la economía y de los nuevos avances técnicos en su alianza con la ciencia. La globalización se define como un proceso creciente de libertades que acelera la integración de los mercados de trabajo, bienes, servicios, tecnologías y capitales así como los movimientos de personas.

¿Qué pretendemos con este trabajo?

Hace tiempo que venimos oyendo, leyendo y estudiando que estamos en la era de la globalización y queremos detenernos en pensar cuáles son las características que la han determinado así como los efectos que ya se están produciendo tanto a nivel social, como a nivel individual.

Toda persona que se interese por el mundo que le rodea puede observar como cada etapa histórica tiene unas fuerzas estructurantes que emergen y confluyen en ella; en términos psicoanalíticos hablamos de unos significantes amos imperantes que le otorgan a dicha época unas peculiaridades específicas.

¿Cuáles son las explicaciones que nos pueden orientar para entender la realidad contemporánea? ¿Cuáles son las nuevas fuerzas que dominan la época?

Según Angel Martínez González-Tablas, doctor en derecho y catedrático de Economía Internacional y Desarrollo en la Facultad de ciencias Económicas de la UCM, hay tres perspectivas que polarizan, en general, las explicaciones sobre el tema de los nuevos fenómenos:

En primer lugar la que considera que "las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación tienen capacidad para transformar el mundo en que vivimos y, también su componente económica.

En segundo lugar la que ve en el ascenso del neoliberalismo un rasgo que transforma las políticas públicas, las actitudes individuales y la inspiración de las reglas del juego en la economía y en las sociedades.

Y en tercer lugar, la globalización como marea que tiende a penetrarlo todo y a crear un nuevo marco… en el que las viejas referencias se diluyen, mientras otras nuevas toman perfil y adquieren una vigencia que sorprende y condiciona".

Es conveniente captar los significantes amos de nuestro tiempo, para poder aislar las tendencias generales por las que transcurre la vida social, política, económica y psíquica de los sujetos que tanto si saben cómo si no, quedará atravesada por los efectos de lo ineludible. Lo ineludible es que cada sujeto es hijo de su época.

¿Cuáles son las fuerzas que determinan el momento presente?

¿De qué se habla cuando decimos globalización? El término no siempre hace referencia a lo mismo. Podemos hablar de globalización económica que se ocupa de trasladar al espacio mundial la producción, distribución, intercambio y consumo que realizan socialmente los seres humanos. Así entramos en lo que se llama economía de mercado o sistema económico capitalista.

Existen a la vez otros movimientos globalizadores que se relacionan con la economía: En primer lugar, la globalización ecológica y comunicacional, de objetos materiales y de símbolos, que se impone con la evidencia de los hechos. En segundo lugar, la globalización social, en la medida en la que clases, organizaciones, relaciones y movimientos existen y se reproducen en el espacio mundial. En tercer lugar, la globalización ideológica, en la que ideas, valores y representación de la realidad se entremezclan, mostrando grados muy irregulares, claramente mundiales en algunos aspectos, menos pero creciente en otros y escaso e inexistente en algunos. Y por último, la globalización política, cuyo escenario de regulación institucional y organizativo se da en un espacio mundial.

Vivimos en un mundo cada vez más globalizado donde la conexión planetaria se ha visto facilitada por los avances tecnológicos, destacando el mundo de las telecomunicaciones con internet. Así el espacio y el tiempo no son un obstáculo para las relaciones sociales ni para la transmisión de información entre colectivos de diferentes puntos del planeta.

En el siglo XXI, el grado de globalización, de mundialización, ha alcanzado una intensidad desconocida en cualquier tiempo pasado.

Podemos decir que el mundo está asimétrica y profundamente mundializado, lo que nos lleva a considerar procesos y problemas que antes no considerábamos como tales. Problemas y situaciones que eran de otros, ajenos, externos y que podíamos contemplar con indiferencia o solidaridad, pasan a ser nuestros problemas, los de la sociedad de la que formamos parte.

La pobreza, la desigualdad, la marginación, la exclusión y la falta de cohesión social existentes en el mundo, las contradicciones que lo atraviesan en forma de migraciones, las prácticas ilegales, drogas, cárceles clandestinas o terrorismo global, dejan de ser problemas lejanos para convertirse en nuestros problemas.

"El sistema económico capitalista tiene una lógica expansiva, de aumento de relaciones externas, de apertura y de captación de nuevos espacios. Tiende a extenderse a todo lo que le resulta alcanzable, no es un sistema que se conforme con lo que ya alcanza, no se conforma con lo que abarca, nunca ha sido paciente y autocontenido, porque su propia idiosincrasia es insaciable".

Esta característica de insaciabilidad parece trasladarse a los sujetos produciendo síntomas que alteran su vida en todos los ámbitos. Los ideales que servían para dar un sentido a la vida están en franca retirada. Los deseos han dejado paso a las formas más variadas de satisfacción. El goce, en tanto pulsional, convocado por la inmediatez de la época, también se ha vuelto más insaciable. El "aquí y ahora" en las relaciones y en el modo de gozar son un reflejo del tiempo de la época. Para decirlo de otra manera los expertos en economía de mercado saben muy bien qué cuestiones son fundamentales para los sujetos. Los expertos en economía y gestión parecen conocer muy bien los principios del funcionamiento psíquico. Saben bien cuáles son los mecanismos que pueden sustituir ilusoriamente los modelos fundamentales de identificación. Deben saber que la demanda no tiene límite y menos aún si se ofrece a cambio la satisfacción y la felicidad. Los objetos sustituyen a las personas no solo en el trabajo. Los objetos sustituyen cada vez más a los semejantes, hasta tal punto que los sujetos enganchados a esta tendencia capitalista del consumo y a las nuevas redes sociales que aporta la revolución cibernética con internet, se encierran en sus espacios, rodeados de todo lo que la técnica puede ofrecer pero sin más compañía que los objetos, ipod, consolas, todo tipo de pantallas… Se conocen ya fenómenos llamativos de aislamiento de jóvenes japoneses que pueden pasar meses y años encerrados en su habitación, sin independizarse de los padres, durmiendo de día y pasando la noche en torno a internet o a los video juegos de las múltiples consolas que poseen. Ej de la exigencia de su sistema educativo.

La fase actual de la globalización se inicia hace treinta años, cuando se resquebraja el modelo de desarrollo dominante, el capitalismo, se da rienda suelta al crecimiento de las nuevas finanzas internacionales y comienza a acelerarse la transnacionalización empresarial. Todo lo cual coincide con el ascenso progresivo del neoliberalismo, con el resultado de que la globalización económica realmente existente pasa a ser de impronta neoliberal.

En este contexto de movimientos de apertura globalizados los movimientos de personas han sido la gran ausencia, la asimetría más destacada en un contexto en el que se predica la bondad y el derecho al libre desplazamiento de factores y mercancías. La globalización de las personas sólo ha surtido efecto en la fuerza de trabajo cualificada que interesa a los países desarrollados y en los denostados flujos clandestinos.

En el entorno globalizador afloran nuevos problemas de cohesión social en las sociedades tradicionales y en el espacio mundial. En las sociedades tradicionales los efectos negativos tienen que ver con la tendencia y el aumento de la desigualdad y la aparición de bolsas de marginación en su interior. Crece el desarrollo desigual y lo que era lejano pasa a ser próximo.

Si los niveles de descohesión se mantienen altos a largo plazo, será difícil no desembocar en conflictos de gran transcendencia que dificulten aún más la vida personal y social de las personas.

Paradójicamente uno de los efectos de la tendencia globalizadora y homogeneizante es la segregación, ya que su dinámica propicia el desarrollo desigual y no la convergencia generalizada de las sociedades. A la vez que se abren posibilidades, se abren también restricciones. Por un lado se facilita el acceso a recursos y a mercados a los que en teoría cualquier persona tiene acceso; de otro lado, esa cara amable oculta que ahora el entorno mundial condiciona de forma más enérgica que en el pasado, y el sistema tiende a ignorar a muchas sociedades que sin participar de los nuevos flujos, se ven condicionadas por el marco creado por ellos con consecuencias negativas para sus habitantes.

Vivimos en un mundo asimétricamente globalizado, en el que la globalización económica debe entenderse como globalización del sistema económico capitalista. Nos encontramos con la realidad de un mundo irreductiblemente heterogéneo.

¿Es posible ser ciudadanos de un mundo global que reconozca y respete la diversidad, como condición necesaria para la convivencia?

Una cosa es el mundo globalizado y otra diferente es ser ciudadanos de una sociedad única y homogénea. Si la tendencia es a la homogenización, el efecto rebote será el ascenso de los nacionalismos y la aparición de grupos segregados. Si miramos desde la óptica del psicoanálisis y desde su experiencia con sujetos, observamos que cuando se reprimen las diferencias, cuando no se deja un margen para lo propio, para lo singular, surgen de manera violenta manifestaciones que reclaman la presencia de las identidades de los sujetos o de los pueblos, o de ciertas minorías.

¿Se puede vivir en la globalización sin que se adopten mundialmente los modelos de la sociedad dominante? ¿Queda margen para las diferencias culturales y sociales, o solo se va a manifestar la diferencia en su aspecto negativo de desigualdad económica y pobreza?

El igualitarismo no tiene que ser ni compulsivo, ni uniformizador. La búsqueda de consensos que uniformicen, no debe ir más allá de lo estrictamente imprescindible para una buena convivencia. El problema de los pueblos, las religiones, las culturas y las civilizaciones es un problema generalizado a lo largo de la historia de la humanidad y que sigue existiendo en los estados actuales, con problemas de viejas identidades en su seno, problemas con minorías diferenciadas, problemas a los que se añaden las nuevas identidades derivadas de procesos de inmigración cuando una proporción elevada de inmigrantes conserva los rasgos de sus sociedades de procedencia y no se diluyen en las sociedades de acogida, en las que su grado de enraizamiento resulta limitado e interferido por la discriminación de hecho y por la formación de "bolsas de excluidos" que se convierten en focos de malestar dentro del cuerpo social.

Sin la articulación de las diferencias, la convivencia en el marco de la globalización puede ser una amenaza en lugar de una oportunidad positiva.

La globalización tiene efectos sobre lo individual y lo social como venimos viendo e influye de manera directa cambiando aspectos fundamentales en el psiquismo de las personas.

¿Cuáles son los efectos sobre la salud psíquica?

La ideología capitalista, la ideología neoliberal tiene una ideología que actualmente se presenta como dominante condicionando la forma de vida de los sujetos, condicionando los vínculos sociales y en consecuencia su salud mental bajo la forma de malestares modernos, en el sufrimiento y en las formas de goce.

El proceso de globalización trae consigo la tendencia a la norteamericanización, es decir la influencia de los medios de comunicación norteamericanos con la consiguiente propagación de sus valores centrados en el consumo, en el tener, en el control, la evaluación y la vigilancia. Y sobre todo la idea de una normalización basada en una uniformidad mayoritaria que no da lugar a las formas que se apartan de la cifra estadística propuesta por los poderes dominantes que se orientan cada vez más a un mundo donde los objetos alcanzan el cénit para dejar a los sujetos en el camino de la desorientación, de la segregación y del malestar.

Cuánto más se tienda a la homogeneización, más se vivirá la identidad amenazada, tanto individualmente como socialmente. Y más se producirán reacciones violentas o no de defensa de lo propio. Hay quien opina, que el resurgir del islamismo es una reacción para defender su identidad que sienten amenazada bajo el empuje de la homogenización de la cultura americana.

Ante la tendencia globalizadora se desarrolla una relación amor-odio. Se aceptan las modas, las músicas, la misma tv… se produce una aparente aceptación y un rechazo profundo.

La globalización puede tener, en este sentido, el efecto contrario. Surge la necesidad a la exaltación de la propia cultura para producir la diferencia con la cultura que tiene el poder.

En el sujeto existen dos tendencias. Por un lado necesita cierta identificación al otro, pero por otro también necesita diferenciarse, separarse para construir su singularidad. Conviene al sujeto tener un espacio propio para poder situar su deseo????. Ej de San Pablo: nació en Persia, de una familia judía, que hablaba el griego, leía el Torá en hebreo y vivió en Jerusalén, donde hablaba arameo y cuando se le pedía el pasaporte era romano. El imperio romano no pudo imponer una sola lengua en su territorio.

Lo que el psicoanálisis nos muestra es que en el mundo contemporáneo, los sujetos giran alrededor del consumo y de la adicción de objetos, poniendo menos interés en ser que en tener. Las toxicomanías representan claramente la posición del sujeto moderno. Posición que ejemplifica el empuje al consumo, al no querer saber de las dificultades. Todo ello nos refleja la imagen del sujeto centrado en sí mismo, de una forma autista. A solas con su goce. La tendencia a la muerte más allá de la vida misma.

El sujeto actual busca en su vida íntima anular la desigualdad entre los sexos, siguiendo así las tendencias de homogeneidad de la época. Por ejemplo la moda unisex, o perseguir los mismos modelos de goce que el otro sexo.

Lacan, en la Proposición del nueve de Octubre de 1967, se adelantó a la época, anunciando que "Nuestro futuro de mercados comunes encontrará su balanza en una extensión cada vez más dura de los procesos de segregación".

Los mecanismos de control orientan las políticas que rigen en los distintos campos del saber, la educación, la salud, todas las prácticas psicológicas, las escalas para medir la felicidad etc…

El problema de las diferencias pasa por la aceptación de los diferentes modos de goce, tanto de sujeto a sujeto, como de cultura a cultura. La homogenización tiende, al borrar las diferencias, al UNO. Las políticas se dirigen a la integración bajo la forma del "para todos igual". Aumentando así, como hemos señalado, la segregación y la exclusión social de los sujetos.

El psicoanálisis ha demostrado reiteradamente como la búsqueda compulsiva de la satisfacción lleva a los sujetos a su destrucción. Cuestión que claramente se ha constituido en un imperativo de la sociedad del bienestar con su mandato de felicidad. Así queda excluida cualquier forma de tristeza o sufrimiento de circunstancias de la vida, que son aprovechadas por las políticas sanitarias en su alianza con las industrias farmacológicas, para crear enfermedades inexistentes con el objetivo de medicar la existencia.

La medicación de la vida tiene una relación directa con los significantes amos que dominan la realidad. A mayor medicalización, menos palabras. La caída de lo simbólico, también responde al interés del amo por desterrar lo más preciado y constitutivo del ser, la palabra. Así todos somos conducidos a una infatilización y a una debilidad mental que nos deja caer con mayor facilidad en manos del sistema. En manos de la lógica de un sistema al que sólo le importa el devenir del objeto y el debilitamiento del sujeto.

Así los vínculos se vuelven frágiles y el sujeto se ve abocado en muchos casos a la desinserción tanto por causas sociales como por causas ligadas a su estructura.

La debilidad en las identificaciones pone al sujeto en la pendiente de la desinserción. Hoy, dice Miller, la inserción se hace más por vía del consumo que de identificación. El consumo viene a tapar ilusoriamente, de forma fallida, el intento de suplir la falta de satisfacción, que es imposible por razones de estructura. Si no hay falta es difícil el surgimiento del deseo. Pero lo que sí está asegurado es la invasión de goce que como vemos caracteriza al sujeto moderno.

Es interesante pensar la desinserción como un fenómeno del encuentro del sujeto con el lenguaje. En este encuentro no tiene cabida la inserción con mayúsculas. La inserción es siempre no-toda.

Esto puede adoptar diferentes formas. Desde las dificultades en la relación con los otros, desde las dificultades con el saber, que pueden llevar en extremo a ciertos sujetos a excluirse del grupo y a marginarse llegando a formas de mendicidad cuya explicación se encuentra en la estructura del sujeto con escasos puntos de sostenimiento subjetivo. Se trata, en general de sujetos con gran precariedad simbólica, lo que conlleva precariedad subjetiva y grandes dificultades para situarse en la vida tanto laboral como de relaciones. Es un defecto en el lazo con los otros lo que está detrás como causa de la desinserción en numerosas personas que se encuentran en riesgo de exclusión. Al margen de los condicionamientos sociales la precariedad subjetiva es el principal obstáculo para la vida social. Ej.: homeless, punkabestia… El sujeto desconectado de los demás, quejas de incomprensión, delirios que desconectan de los otros, la fobia social, la inhibición y el aislamiento obsesivo.

En la globalización, la desinserción presenta cierta relación con la deslocalización y sus efectos en la subjetividad.

Es necesario para vivir que cada cual encuentre su modo de inserción en el otro, algo que le permita localizarse en relación a los demás. La realidad psíquica se construye con el lenguaje, con las palabras de los otros, al igual que en la realidad social es también el lenguaje el que teje y desteje los vínculos sociales.

Para el psicoanálisis el punto de partida de la inserción es el encuentro del sujeto con la lengua a través del otro semejante, encuentro siempre traumático. Así en un primer tiempo de análisis siempre se trata de ver dónde se inserta el sujeto y de desatarle de las amarras de la palabra. Al sujeto le conviene estar insertado y desinsertado. Insertado sí, pero no del todo. El sujeto se constituye por la vía de la alienación al otro, del que depende totalmente, pero es conveniente que poco a poco se separe de ese otro para construirse su propia identidad.

Desde el discurso del amo, desde el discurso capitalista, desde la globalización, la inserción se produce por la vía de un significante privilegiado, el trabajo y la consecuente renuncia al goce.

¿Qué es la globalización? La globalización es una revolución silenciosa porque modifica la relación del sujeto con el otro, perturba el nivel de la comunicación. La globalización, como hemos dicho supone una transformación radical del espacio y el tiempo. Se puede convocar una acción que llegue a todos los espacios del mundo en tiempo real. (Antonio De Ciaccia)

En la globalización ya no se trata del hombre, parece que se trata del funcionamiento de la máquina en la creación de recursos a cualquier precio que no siempre supone para el hombre un beneficio. Max Weber dice: "donde el mercado está abandonado a su autoregulación, sólo conoce la dignidad de la cosa, y no ya la dignidad de la persona".

La globalización no funda espacios, funda espacios comerciales, no produce ciudadanos, produce consumidores. La globalización va unida a una información donde a nivel mundial se manipulan hechos y opiniones. Lo global conlleva una tensión con lo local.

La ética de la economía de mercado, es la acumulación de la riqueza, ignorando el valor de los derechos de los hombres. La ética de la economía de mercado hace creer que lo real es la riqueza, en cambio, lo real es aquello que el rico no paga, como lo recuerda Lacan.

El hombre de la era del capitalismo se ve reducido al papel de consumidor de objetos a, multiplicados y falsos, falsificaciones del objeto causa de deseo. Al humano se le ofrecen objetos de goce producidos por la industria, sustitutos equivalentes, en realidad falsos.

Lacan en un segundo momento de su obra escoge no a los filósofos, sino a los expertos en economía política, es decir, a los expertos en saber sobre las modalidades de instalación y funcionamiento del goce. La primacía marxista del valor de cambio frente al valor de uso de los objetos, señala también el funcionamiento significante de la máquina económica.

Características del sujeto plusmoderno en la época de la globalización:

Desorientación del deseo como efecto de su subordinación a la voluntad de goce imperante en la época. Una de las consecuencias es el acrecentamiento de las relaciones perversas en distintos planos.

Los ideales se encuentran separados del goce. Parece que se debe a diversas causas. A la desilusión del proyecto moderno; a la decadencia del nombre del padre, o del patriarcado, o de la autoridad, (diferentes modos de nombrar lo mismo) acompañada del ascenso de los objetos al punto máximo de aspiración social.

La película Babel de Alejandro González Iñárritu, muestra el lado obscuro de la devastadora globalización que aísla y arrastra a un individualismo, en ocasiones extremo. El goce es, fundamentalmente Uno, es decir, prescinde del otro. El individualismo contemporáneo segrega al individuo a la soledad de su goce.

En la sociedad actual hay una búsqueda de placer permanente. La sociedad hipermoderna oscila entre la euforia permanente y la depresión, extremos sostenidos por un imperativo: el deber de la felicidad. Este parece ser el nuevo orden moral.

Desde hace algunos años, las políticas sociales, económicas y psicológicas intentan diseñar una escala estadística para medir lo que han llamado la "felicidad bruta nacional" en base al modelo de "producto nacional bruto".

Es evidente que nuestra época supone un salto sin precedentes en cuanto a los avances tecnológicos y científicos que en su imparable funcionamiento pone una vez más en cuestión si el hombre obtiene alguna ganancia en cuanto a su libertad o por el contrario camina hacia una mayor dependencia.

Hay que decir que el afán de dominio, de destrucción, de violencia; el horror al diferente o el recelo al extranjero son cuestiones que se gestan en el corazón del ser, son cuestiones cuyo origen se sitúa en las primeras relaciones de los sujetos con sus progenitores. Relaciones no exentas de ambivalencias, de amor y odio, de celos y de rivalidades.

Quizás haya que preguntarse por qué los sistemas económicos y políticos fracasan a lo largo de todos los tiempos. Se trata de los errores del comunismo, del capitalismo, de la ciencia o de la globalización; o se trata más bien de esa tendencia a la pulsión de muerte nombrada por Freud, de esa tendencia al mal inherente al hombre y que es imposible de erradicar.

Traigo la parábola que cuenta Freud en "Psicología de las masas y análisis del yo" sacada de un texto de Schopenhauer para mostrar la dificultad de la vida en sociedad y lo difícil que es soportar una aproximación demasiado íntima con el semejante. Relata que en una mañana de inmenso frio invernal, los puercoespines se acercaban entre sí, en busca de calor, para guarecerse del frio y no morir. Pero al acercarse demasiado se pinchaban y sufrían por el dolor, lo cual les obligaba de nuevo a tomar distancia y a separarse. Es difícil situar la distancia con el otro.

Freud decía que educar y gobernar eran tareas imposibles. Imposibles porque hay un resto imposible de reducir.


Ana Ramírez Izquierdo


CAFÉ DEL INFANTE | V. de Odón, Madrid. Marzo 2011

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